Intervención sobre la violencia contra la infancia

violencia contra la infanciaLa violencia contra la infancia es un área que abarca realidades muy complejas y que demandan una respuesta tan rápida como eficaz. Atender las características diferenciales de cada forma de violencia, definiendo estrategias específicas según la problemática y la población con la que se trabaj a requieren una inversión material y humana, que sólo es posible fruto siempre de una priorización política del tema.

Es un tema en el que concurre lo evidente con lo no tan evidente. Evidente es que ante esta problemática es responsabilidad ética y legal de las instituciones y de cada ciudadano dar una respuesta eficaz. Las instituciones, como garantes de los derechos de los niños y niñas como ciudadanos y com o población especialmente vulnerable, y los ciudadanos como partícipes de esa protección deseable.

Lo no tan evidente es la variabilidad de factores y realidades que confluyen en esta problemática. La violencia contra la infancia es un fenómeno multicausal, en el cual hay definidos factores de riesgo y factores de protección que no se pueden simplificar sin correr el riesgo de que la intervención sobre ellos provoque efectos opuestos o cuando menos paradójicos, y en última instancia dañinos para los niños y niñas víctimas de violencia.

Intervenir en violencia en unos casos conlleva un componente económico y de redes de delincuencia internacional que siguen unos criterios que van más allá del abuso al menor y en otros son las falsas creencias arraigadas en la sociedad sobre la problemática y la falta de formación de los profesionales que trabajan con los niños y niñas y sus familias los que dejan solas a las víctimas ante sus agresores.

Trabajar sobre problemáticas específicas aparentemente tan diversas como pueden ser el castigo físico y psicológico, el reclutamiento de los niños soldado, la explotación sexual infantil o las imágenes de abuso sexual infantil en Internet o la victimización secundaria del sistema judicial sobre los niños y niñas víctimas de violencia tiene sin embargo un marco de trabajo común y unas estrategias clave de intervención que pueden y deben ponerse en march a para garantizar la salvaguarda del interés superior del niño, recogido en la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño.

 

ENFOQUE GENERAL DE LA INTERVENCIÓN

CONCEPTUALIZACIÓN DE LA VIOLENCIA

En la experiencia desarrollada por la autora en el campo de la violencia contra la infancia en cuatro regiones del mundo, Sudamérica, Centroamérica, Sur y Sudeste Asiáticos, además de Europa, ha surgido un marco conceptual común de la violencia contra la infancia.

La violencia se define como cualquier acto que produce un daño en el desarrollo de quien lo vive, en este caso un niño o niña, fruto d e un abuso de poder y que puede realizarse de modos diferentes, puede ser físico, psicológico y/o sexual.

CONCEPCIÓN DE LA VIOLENCIA
Daño en el desarrollo de quien la vive
Fruto de un abuso de poder
Ejercida de diversos modos: físico, psicológico o sexual.

Los dos conceptos clave cuando se trabaja en violencia son “daño en el desarrollo” y “poder”. La violencia supone la vulneración del derecho del niño a un desarrollo pleno. La violencia no debe evaluarse sólo desde la intención del agresor sino sobre todo desde los efectos en la víctima. Una de las dificultades más habituales en la detección de la violencia es la “apariencia d e normalidad” de los agresores. La violencia puede darse por muchos factores, desde , por ejemplo, la falta de formación e información de un padre cuando utiliza pautas educativas inadecuadas hasta los trastornos de personalidad más complejos, por ejemplo en los agresores psicópatas.

La violencia además se efectúa en el 80% de los casos por parte de personas cercanas al menor. No significa, como se ha dicho, sólo su familia, pero sí tienen que ser personas que establecen relaciones afectivas y cercanas con los niños y niñas, que se ganan su confianza, adquieren poder sobre ellos. En la violencia interpersonal para ser violento hay que poder serlo : tener acceso a los niños y niñas, elegir la víctima lo más vulnerable posible y situarse en una situación de poder respecto a ellos. Esto explica las estadístic as relativas a violencia.

Las relaciones de poder son las que están detrás de la violencia. El criterio para saber si estamos ante violencia es doble: que se dañe el desarrollo de la víctima, y que el que la ejerce lo hace gracias a un poder que tiene sobre la víctima.

Después esta violencia puede ejercerse de diferentes modos, y cada uno de esos modos conllevará unas características diferenciales cara a la intervención terapéutica con la víctima.

Pero en este marco conceptual tan importante es contemplar estos elementos como hacerlo en el orden adecuado. Hacen falta ambo s para definir algo como violencia. Pero uno de los errores básicos al desarrollar los marcos legislativos y programáticos de actuación en temas de violencia es comenzar la evaluación de cada caso en el sentido contrario, valorando el modo en que la agresión se efectuó (si hay lesiones físicas o no, cuántas veces se le agredió y durante cuánto tiempo etc.) se comienza valorando qué le hicieron a la persona, de ahí se pasa a quién lo hizo y sólo al final se evalúa el daño. De este modo muchas formas de violencia que nunca dejan señales visibles o que las personas que lo recibieron no fueron incluso ni conscientes de estar recibiéndolas pasan desapercibidas en el análisis.

Conociendo la dinámica del abuso sexual infantil, por ejemplo, sabemos que en la mayoría de los casos no se emplea fuerza física y que uno de los elementos que más complica la recuperación psicológica de los menores porque agudiza el daño en su desarrollo es precisamente que el abuso se comete envuelto en la forma de una relación “especial”, “afectiva”, “tierna” y “única”. De este modo la gravedad de la violencia puede pasar desapercibida en el análisis si se efectúa sólo desde el modo, puesto que puede no haber lesiones visibles, sin embargo el daño en el desarrollo, lo que podríamos calificar de lesiones psicológicas queda sin evaluar y sin reflejar adecuadamente en nuestra legislación.