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Trabajo y explotación infantil

En los niños de hoy en día podemos ver cómo será el mundo en el futuro. De su desarrollo depende en gran medida la situación en la que vivan cuando sean adultos, y la de sus países. “La verdadera medida del progreso de una nación es la calidad con que atiende a sus niños”.

Los niños son, por tanto, el principal motor del desarrollo y de las estrategias para erradicar la pobreza según los Objetivos de Desarrollo del Milenio fijados por Naciones Unidas en el año 2000. Unos objetivos con dos puntos fundamentales que afectan de lleno a los niños: conseguir una educación universal y reducir la mortalidad infantil.

Sin embargo, existen situaciones en la infancia del mundo que vulneran los Derechos Humanos, son incompatibles con los Objetivos del Milenio, y que por tanto afectan a toda la humanidad por su trascendencia.

 

Explotación infantil

Los niños se enfrentan a un mundo en el que sus derechos reconocidos por la Convención de Derechos de la Infancia de 1989 no siempre son compatibles con la situación de vulnerabilidad y desprotección en la que viven. Esto se refleja especialmente en un problema que afecta a millones de niños en todo el mundo y que lleva casi un siglo intentando erradicarse: la explotación infantil.

Como explotación infantil puede denominarse toda aquella forma de utilización forzada, coercitiva y sistemática del niño por parte de otra persona con fines mercantiles o de otro tipo.

esclavitud infantilNo entran en esta definición el abuso o el maltrato infantil, que se refiere a aquellas acciones que van en contra de un adecuado desarrollo físico, cognitivo y emocional del niño, las cuales provienen de personas, instituciones o de la propia sociedad. En nuestro país, generalmente el abuso infantil está relacionado con el abuso de tipo sexual, y está tipificado de distinta forma.

 

 

Por lo tanto, en el consenso internacional, la explotación infantil es un fenómeno con un componente tal que el niño –siempre entendiéndolo como toda aquella persona menor de 18 años, según estipula Naciones Unidas- es utilizado como mercancía por unas terceras personas de cual obtienen beneficios o compensaciones.

Así, la explotación infantil tiene que ver, fundamentalmente, con el trabajo infantil y todas las formas de explotación de menores en actividades comerciales o que implican intercambio de bienes y servicios. En todas ellas, además de la explotación como tal y la “mercantilización” del niño, el componente común es la forma en que se lleva a cabo esta explotación, que no es otra que la coerción, la fuerza y en ocasiones la violencia.

El trabajo infantil “abarca toda actividad económica efectuada por una persona de menos de 15 años de edad, cualquiera que sea su situación en la ocupación: trabajador asalariado, trabajador independiente, trabajador familiar no remunerado, etc.”.

En definitiva, el trabajo infantil es la utilización de la fuerza de trabajo de niños y niñas en actividades económicas de producción e intercambio de bienes y servicios.

Alrededor de 218 millones de niños de entre 5 y 14 años de edad están obligados a trabajar en todo el mundo. Esto es, uno de cada seis niños de todo el mundo que son explotados laboralmente de distintas formas.

Una serie de causas hacen que estos niños se vean obligados a trabajar en las peores condiciones y en labores que muchos adultos rechazan. Entre las muchas formas de explotación laboral infantil destacan algunas especialmente graves que se engloban en lo que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) llama las peores formas de explotación infantil.

Se entiende que el trabajo que entra en los límites establecidos por la ley, siempre que no afecte a la salud ni al desarrollo personal del niño, y que tampoco interfiera en su escolarización, puede considerarse aceptable. Sin embargo, los Convenios 138 y 182 de la OIT establecen los límites de estos trabajos y de aquellos que se consideran inaceptables para que los desempeñe un menor.

Se encuentran divididos en tres categorías:

  • Las peores formas de trabajo infantil, que internacionalmente se definen como esclavitud, trata de personas, servidumbre por deudas y otras formas de trabajo forzoso, reclutamiento forzoso de niños para utilizarlos en conflictos armados, prostitución, pornografía, y actividades ilícitas.
  • Un trabajo realizado por un niño que no alcanza la edad mínima especificada para el tipo de trabajo que se trate, según la legislación nacional de acuerdo con normas aceptadas internacionalmente, y que impida la normal educación y el pleno desarrollo del niño.
  • Un trabajo que ponga en peligro el bienestar físico, mental o moral del niño, ya sea por su propia naturaleza o por las condiciones en que se realiza, y que se denomina “trabajo peligroso”.

 

Tipologías de trabajo infantil

Según la denominación de la OIT, el fenómeno del trabajo infantil se presenta bajo tres categorías: niños económicamente activos, niños que trabajan y niños que realizan trabajos peligrosos

  1. Niños económicamente activos : Por actividad económica se entienden las actividades económicas productivas que realizan los niños, destinadas o no al mercado, remuneradas o no, por pocas horas o a tiempo completo, de manera ocasional o regular, legal o ilegal. Esto excluye las tareas que los niños realizan en su propio hogar y las actividades escolares. En 2004 las estimaciones indican que había aproximadamente 317 millones de niños económicamente activos de entre 5 y 17 años de edad, 218 millones de los cuales podían considerarse como niños trabajadores. Es decir, que habitualmente existen 218 millones de niños que trabajan regularmente en distintas actividades, y 126 millones de éstos trabajaban en las formas más peligrosas.
  2. Trabajo infantil: Al hablar de trabajo infantil se toma la definición del Convenio sobre la Edad Mínima de la OIT en 1973: “La edad mínima de admisión a todo tipo de empleo o trabajo que por su naturaleza o las condiciones en que se realice pueda resultar peligroso para la salud, la seguridad o la moralidad de los menores no deberá ser inferior a 18 años” (6). El convenio especifica que las legislaciones de los países deben elevar progresivamente la edad mínima de trabajo entre los niños, allí donde se produzca, pero nunca por debajo de los 14 años de edad, o de los 16 en el caso de actividades más peligrosas, en casos excepcionales y siempre que exista un consenso entre trabajadores y empleadores, junto con unos mínimos de integridad y seguridad para los niños.
  3. Actividades peligrosas: Como ya hemos visto anteriormente, entre las actividades que la OIT no admite para los niños bajo ningún concepto se encuentran los trabajos peligrosos. Se entiende como trabajo peligroso aquel que por sus características puede producir efectos perjudiciales en la seguridad, la salud (física o mental) y el desarrollo moral de los niños. Estos efectos pueden referirse a una carga de trabajo excesiva, a las condiciones físicas, su intensidad, duración, número de horas, peligrosidad o seguridad de la actividad. La lista de trabajos peligrosos se define en el ámbito nacional mediante una serie de consultas multipartido entre distintos actores sociales y gubernamentales.