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Estudio sobre el abuso sexual en la infancia

El abuso sexual infantil no es un problema reciente . En mayor o menor medida, los malos tratos a la infancia son una constante histórica, que se produce en todas las culturas y sociedades y en cualquier estrato social.

debemos para el abuso infantilSin embargo, el abuso sexual infantil ha sido una d e las tipologías de maltrato más tardíamente estudiada. La investigación sobre maltrato infantil se inició focalizándose, casi exclusivamente, en el análisis de los malos tratos de tipo físico. No obstante, cuando se abusa sexualmente de un menor no sólo hay un daño físico, sino que generalmente existe también una secuela psicológica . Debido a la ausencia, en numerosas ocasiones, de un daño físico visible, así como a la no existencia de un conjunto de síntomas psicológicos que permitan su detección y diagnóstico unívoco, el abuso sexual infantil ha sido una tipología difícil de estudiar. Por otro lado, se añaden las dificultades relacionadas con el tabú del sexo y, en especial, al relacionar éste con infancia, así como el escándalo social que implica su reconocimiento.

 

Definicición abuso sexual infantil

En la definición de abuso sexual infantil la mayoría de autores siguen los criterios de coerción y asimetría de edad propuestos por Finkelhor y Hotaling (8) y corroborados por López (9). La coerción se refiere al contacto sexual mantenido con un menor mediante el uso de la fuerza física, la amenaza, la presión, la autoridad o el engaño, y ha de ser considerada criterio suficiente para etiquetar una conducta de abuso sexual, independientemente de la edad del agresor.

Por su parte, la asimetría de edad impide la verdadera libertad de decisión del niño/a e imposibilita una actividad sexual compartida, ya que los participantes tienen experiencias, grado de madurez biológica y expectativas muy diferentes . En este sentido, siempre que exista coerción, o asimetría de edad, o se den ambas condiciones entre una persona menor de edad y otro individuo, las conductas sexuales resultantes deberán ser consideradas abusivas.

Por otra parte, la adopción de estos criterios tiene la ventaja de incluir las agresiones sexuales que cometen unos menores sobre otros y que en los últimos años parecen ser un problema frecuente.

Respecto a la extensión del problema, los estudios sobre prevalencia del abuso sexual infantil son frecuentes, especialmente desde finale s de los años setenta, y principalmente por la contribución de estudios norteamericanos, si bien en los últimos años se encuentran estudios referidos a países en vías de desarrollo como El Salvador o Sur África . Por prevalencia se entiende el número de individuo s que han sido víctimas a lo largo de su infancia (habitualmente considerada hasta los 18 años, si bien este criterio depende del estudio) y que son detectados mediante estudios retrospectivos.

Finkelhor presenta un resumen de la prevalencia del abuso se xual infantil encontrada desde finales de los años setenta a principios de los noventa en 21 países, incluyendo España. En este estudio, las diferencias metodológicas entre distintos países quedan patentes, con unas tasas de prevalencia que varían entre el 7 y el 36% en mujeres y entre el 3 y el 29% en hombres.

Sin embargo, en general los resultados obtenidos son similares y confirman la elevada frecuencia del abuso sexual infantil en los distintos países estudiados, así como la consideración del abuso sexual infantil como problema internacional. La mayoría de estos estudios, por otra parte, muestran que gran parte de las víctimas son de sexo femenino , así como que éstas sufren en mayor porcentaje abuso sexual intrafamiliar. Respecto a los agresores, también gran parte de los estudios confirman que son mayoritaria mente hombres, especialmente cuando las víctimas son niñas.

Los datos de prevalencia obtenidos en nuestro país pertenecen al único estudio nacional realizado hasta el momento por López , ya recogido por Finkelhor en su revisión. El 18,9% de las personas entrevista das manifestaron haber sufrido abuso sexual en algún momento de su infancia. En los varones este porcentaje fue del 15,2% y en las mujeres del 22,5%, con una edad situada entre los 12 y los 13 años, en un 25,2% de los casos.

El descubrimiento del abuso sexual infantil como maltrato frecuente y con importantes y perdurables efectos psicológicos, tanto a corto como a largo plazo, ha dado lugar en la última década a un notable crecimiento de los es tudios sobre este tema. En nuestro país, el aislamiento sociopolítico y el escaso desarrollo de los sistemas de protección social durante el período de la dictadura, han producido un retraso en el estudio de este tema y, sobre todo, en el conocimiento y la sensibilización social al respecto.

No obstante, durante la última década han surgido importantes estudios que han favorecido el avance del conocimiento sobre este problema. Este creciente interés tanto a nivel profesional como en los medios de comunicación, ha provocado un mayor conocimiento del problema y una mayor sensibilidad social al respecto.

 

Características del abuso

Los denominados tocamientos, ya sea por encima o de bajo de la ropa, son la categoría de abuso sexual más frecuente en la muestra analizada (64,39%) que, en este caso, se reduce a 205 casos. Le sigue la penet ración vaginal con un porcentaje del 9,27%.

Masturbaciones y penetración anal se producen con u na misma frecuencia (3,41% en cada caso). La penetración oral es la tipología de abuso sexual menos frecuente en la muestra estudiada (1,95%). Los abusos sin contacto físico (proposiciones y/o exhibicionismo) se dan en un 3,41% de los casos.

Se observa que las mujeres adultas son aquellas víctimas que solicitan orientación a la asociación en mayor medida. La existencia de una mayoría de víctimas de abuso sexual infantil de sexo femenino ha sido constatada en múltiples trabajos, si bien existe un porcentaje importante de víctimas de sexo masculino que no debe ser olvidado y que, en muchos casos, es muy poco reconocido y muy poco tratado.

El pequeño número de víctimas de sexo masculino que solicita ayuda puede explicarse en función de diferentes hipótesis: los varones no se reconocen como víctimas y, por tanto, no buscan ayuda; o, los varo nes no se sienten identificados con el tipo de víctimas a los que se dirigen este tipo de asociaciones.

Según Violato y Genuis y Widom y Morris, las definiciones habitualmente utilizadas, así como las actitudes sociales respecto al sexo y los roles de hombre y mujer, pueden llegar a impedir que los hombres expliquen lo sucedido o, incluso, que no reconozcan la situación sufrida como un abuso sexual infantil.

Por el contrario, debido a los estereotipos sociales referentes al sexo presentes en la sociedad, los hombres consideran que el mantener relaciones sexuales con adultos, especialmente con mujeres, es una forma de hombría y masculinidad. También es habitualmente tomado como explicación de las inferiores cifras de prevalencia en hombres, el hecho que éstos sufren una mayor vergüenza y temor a ser etiquetados de homosexuales (si el agresor fue un hombre) o de poco masculinos (si el agresor fue una mujer y solicitan ayuda), así como también son más frecuentemente acusados de haber provocado el abuso.

Otra posible hipótesis es que quizás, este tipo de acontecimientos afecte de forma distinta a varones y mujeres, siendo los varones aq uellos que superan con mayor facilidad este tipo de acontecimientos.

En gran parte de los estudios revisados, las víctimas manifiestan no haber explicado el abuso sexual sufrido a nadie, si bien suelen ser las víctimas de sexo femenino, tal y como se obtiene en los resultados, las que acostumbran a explicar lo sucedido en mayor medida. En el caso de las víctimas menores de 18 años, éstas requieren de la colaboración de otra persona (principalmente, según los resultados, la figura materna o un profesional que mantenga relación con el caso) para poder recibir la atención que necesitan.

Características del agresor

Respecto al agresor, éste pertenece mayoritariamente al entorno cercano de la víctima, como indican los resultados obtenidos y como se ha establecido en otros trabajos, a nivel nacional e internacional.

Existen diferencias en cuanto al tipo de agresor y el sexo de la víctima, con una mayor frecuencia de agresores con rol de figura paterna en el caso de las mujeres y de agresores conocidos de la propia víctima o desconocidos en el caso de los varones víctimas de abuso sexual infantil.

En relación con este aspecto, Levesque analizó específicamente las diferencias en la experiencia de abuso de las víctimas de sexo masculino y femenino, confirmando que las mujeres presentaban un mayor riesgo de haber sufrido abuso sexual intrafamiliar, especialmente causado por su padre y los hombres de haber sufrido abuso sexual por desconocidos. Sin embargo, otros estudios revisados no confirman esta relación diferencial según el sexo de la víctima .

 

La asociación FADA

Es en este contexto cuando, en 1997, un grupo de profesionales del ámbito de la psicología, la psiquiatría y el derecho, interesado s en trabajar en el área del abuso sexual en la infancia, presentan la iniciativa de crear una asociación focalizada, exclusivamente, en esta tipología de maltrato.

Previamente, se realizó una investigación sobre los diferentes programas y experiencias desarrollados en el campo de los abusos sexuales infantiles y llevados a cabo en países de la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá. El resultado de la misma puso de manifiesto la falta de recursos especializados en la prevención y el aseso ramiento sobre esta problemática, especialmente en España.

Por este motivo se estructuró y consolidó FADA, con el fin de poder ofrecer una respuesta integral a nivel psicológico, social y jurídico en situaciones de abuso sexual.

Entre los servicios que se ofrecen desde FADA se encuentran la ATENCIÓN PSICOLÓGICA, compuesta por los servicios de orientación psicológica y asesoramiento puntual (tanto a víctimas de abuso sexual, como a familiares y/o profesionales que requieran información sobre un caso particular), atención terapéutica individual, atención terapéutica grupal, grupos de ayuda mutua y espacios de encuentro para víctimas adultas y familiares que quieran reunirse con otras personas que hayan vivido una experiencia similar y talleres de adolescentes, centrados en las necesidades específicas de este grupo de edad.

En segundo lugar , FADA dispone de un servicio de ATENCIÓN JURÍDICA que presta información, orientación y defensa legal de la víctima, en caso necesario. En tercer lugar, el ÁRE A DE FORMACIÓN pretende ofrecer una información actual y completa sobre la temática de los abusos sexuales a la infancia mediante cursos para profesionales y estudiantes, y talleres y charlas para todo tipo de colectivos (padres, niños y jóvenes, o profesionales, entre otros).

Finalmente, se encuentra el ÁREA DE SENSIBILIZACIÓN dirigida a acercar FADA y la problemática de los abusos sexuales a menores a la sociedad en general, mediante la participación en actos de cariz lúdico y popular y de una selectiva presencia en los medios de comunicación.

 

Programa de Acción ICEV.

ICEV ha creado el programa de HAZTE OIR Y HAZ DEPORTE, en el que se organizan diversas marchas en bicicletas como forma de reivindicación.

Hemos escogido esta forma de manifestación porque consideramos que el deporte, y en especial las bicicletas, es una forma de fomentar el espiritu de equipo y cohesión social. Consideramos que la mejor forma de hacer valer nuestras demandas es a través de la unión y el consenso social.