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La trata de personas: violencia simbólica y económica

trata de mujeresMujeres y niñas desaparecidas, acaban siendo víctimas de la trata de personas. Ellas fueron introducidas en alguna de las 5 grandes redes mafiosas de prostitución que funcionan en el país. La forma de reclutamiento es el secuestro o el engaño. El método persuasivo: la tortura física y psicológica. Luego de sometidas, sus cuerpos se convierten en mercancía: se venden, se compran, se exportan, se importan.

 

 

La demanda una de las principales causas de la existencia de la prostitución

Los que sostienen la demanda: los clientes. Los proxenetas y tratantes quienes ofertan. La maquinaria capitalista esta en marcha para un negocio rentable. A diferencia de las drogas, una mujer puede ser vendida miles de veces, hasta 30 por día.

Nada de esto seria posible si la impunidad no estuviera garantizada, con policías cómplices, fiscales que no investigan, jueces que no condenan. Mientras tanto, la sociedad naturaliza la prostitución, la forma más antigua de explotación.

Miles de mujeres están siendo secuestradas, engañadas, torturadas y esclavizadas para tu placer. Quizás viste a Marita Verón, a Florencia Pennachi, a Fernanda Aguirre, a Andrea López a Otoño Uriarte antes de que apareciera muerta en un canal de riego.

 

Dominación patriarcal de la trata de mujeres

El complejo entramado social, cultural y económico que sostiene este delito esta estrechamente vinculado con la naturalización de la prostitución. Práctica que se apoya en el patriarcado otorgándole el marco simbólico que habilita la explotación sexual de mujeres, niñas y niños.

Las relaciones de poder instituidas por el sistema patriarcal que domina nuestras sociedades favorecen a los varones y discrimina a las mujeres. Los textos escritos y tradiciones orales muestran la historia de la opresión de las mujeres desde la perspectiva masculina.

En este sistema patriarcal el único deseo posible es el masculino, convirtiendo a las mujeres en objetos posibles de ser poseídos y apropiados. La aceptación social y cultural del consumo de la prostitución implica una legitimación de la violencia sexual que se ejerce. No solo porque existe un intercambio de dinero, o cualquier otro intercambio comercial, sino porque refuerza la cosificación de mujeres y niñas. Sin embargo en esta acción sexual violenta no hay sexualidad, porque el deseo y el placer de las mujeres esta suprimido.

Un estudio reciente realizado por la organización Prostitution Research & Investigation, entre 700 hombres de seis países distintos, da cuenta que muchos de los varones que consumen prostitución no se sienten bien realizando esta practica, pero este sentimiento negativo no es suficiente motivo para que desistan de pagar por sexo.

Muchos de ellos, además, se mostraban indiferentes ante la posibilidad que esas mujeres fueran explotadas sexualmente aunque tenían evidencias palpables de esa violencia como golpes, magulladuras y moretones.

La prostitución institucionaliza las suposiciones más básicas de la dominación masculina como orden social, o, incluso civilizatorio. El proceso de socialización de los hombres está construido sobre la certeza de que su sexo les otorga derecho a disponer del cuerpo y de la sexualidad de las mujeres. Tratándose de este supuesto derecho, es legítimo conseguirlo y preservarlo, aunque sea con violencia.

El cliente/prostituyente siempre esta invisibilizado en esta practica, a pesar de ser quien sostiene la demanda, por lo tanto no recibe ningún tipo de estigmatización, muchas veces es desde los medios de donde parte la aprobación del consumo de los cuerpos.

La profesora Isabel Moya directora de la “Editorial de La Mujer”, expresó en el taller regional sobre comunicación realizado en La Habana, Cuba y auspiciado por la Cátedra “Mirta Aguirre”, la Oficina de la UNESCO en La Habana y el Programa Internacional para el Desarrollo de la Comunicación:

“Los medios establecen, a través de sus discursos, un eje de matrices culturales, donde se explicita y reproduce el poder hegemónico. Se constituyen en uno de los mecanismos de reproducción del patriarcado en el plano de la subjetividad (…) Se constituyen en escenario fundamental para la reproducción de juicios de valor, sistemas normativos, mitos, estereotipos y prejuicios con que los individuos funcionan para reconocerse a sí mismos, a su grupo, y, a su vez, diferenciarse en su especificidad”

 

La trata de personas es un negocio rentable

El capitalismo se basa ideológicamente en una economía en la cual el mercado predomina, realizándose transacciones entre personas, empresas y organizaciones que ofrecen productos y quienes los demandan.

El mercado se regula mediante las leyes de la oferta y la demanda. Entonces el valor de cambio adquiere su máxima realización, y todo lo que se produce esta destinado a ser vendido. Este modelo convierte a las personas en mercancías y la relación entre personas se mercantiliza y se cosifica.

Es en este sistema donde la trata de personas y la prostitución se convierten en un negocio rentable. El licenciado Alberto Ilieff integrante de la Coalición contra la Trata de Personas en la Argentina expresa en su artículo La trata un buen Negocio: “La finalidad última de la trata de personas es la explotación, fundamentalmente la explotación sexual y la laboral. Este aspecto del delito, muchas veces al centrarse el tema en las consideraciones legales o en la situación de las víctimas, tiende a quedar oculto.

En todos los casos el móvil último de la explotación es la obtención de ganancias elevadas, lo que inserta y relaciona indeleblemente el tema con el sistema económico mundial, siendo esta inserción uno de los motivos que le aportan estabilidad, crecimiento y globalidad.

Esta condición es la que dificulta sobre todo el logro de un retroceso efectivo de la trata y explica la falta de voluntad política para actuar contra ella. El enfatizar este punto de vista no significa reducir este complejo tema a la variable económica, sino hacer notar que además de las condiciones patriarcales, machistas, del modo en que la subjetividad de la mujer y el hombre son construidas, junto a los mitos y al imaginario social, es necesario también considerar el beneficio económico pues este aporta las bases materiales que se conjugan con los condicionamientos simbólicos.”

Se estima que la trata de personas mueve anualmente 32.000 millones de dólares, convirtiéndose en un “comercio” en pleno crecimiento y extremadamente lucrativo. Las personas que se benefician con esta actividad no corren casi ningún riesgo y esto ha llevado a que se convierta en el tercer negocio ilegal más lucrativo. La rentabilidad de esta actividad, sumada a la complicidad de los estados, proporcionan el andamiaje de impunidad necesario para que las redes mafiosas funcionen con total libertad.

 

De la Migración a la explotación sexual

A finales del siglo XX, la explosión de las economías globalizadas que generalizaron la pobreza, produciendo a su vez una marcada concentración de la riqueza, llevaron a un incremento de las migraciones, y a su vez al aumento de la trata de mujeres con fines de explotación sexual. Estos efectos económicos y sociales acentuaron la desigualdad de las relaciones de género, posicionando a las mujeres y niñas en un grupo de máxima vulnerabilidad.

El informe del año 2006 “Hacia la esperanza” producido por el Fondo de Poblaciones de Naciones Unidas (UNFPA), daba cuenta que de los 95 millones de migrantes mundiales, las mujeres constituyen el 50%. Refiriéndose a la problemática de trata de personas expresa:

“La trata de seres humanos es un fenómeno mundial impulsado por la demanda y estimulado por la pobreza y el desempleo. Lo frecuente es que muchas víctimas de trata respondan a anuncios que les ofrecen empleo como niñeras, modelos, peluqueras, bailarinas o camareras, o que amigos y, a veces incluso parientes, actúen como reclutadores.”