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Movimiento asociativo vecinal

Movimiento vecinal en los principios de la democracia

movimiento vecinalPara comprender el papel que ha jugado el movimiento vecinal barcelonés quizás conviene empezar recordando, a partir de las palabras de Manuel Castells que “los movimientos vecinales y los movimientos de base local, de base territorial, han sido elementos fundamentales y generalmente ignorados o deformados en la visión histórica con respecto a lo que eran los grandes actores de la historia, ya fuesen el Estado y las fuerzas políticas o bien las grandes fuerzas económicas.”

La historia del movimiento vecinal se remonta a los años sesenta en que se produce el desarrollismo y las oleadas migratorias hacia la ciudad. Es en ese espacio de tierra de especulación y miseria donde nacen unos barrios periféricos, mal construidos y peor dotados. Barrios que rodean los densos centros históricos deteriorados y con grandes deficiencias. Todo ello en el entorno de tierra arrasada que crearon los años del franquismo.

Se considera que el punto de partida del movimiento vecinal tal como hoy lo conocemos se da en 1964 a raíz de la Ley de Asociaciones, que abrió un espacio aprovechado por diversos partidos políticos en la clandestinidad para hacer llegar a sectores más amplios de la población sus propuestas y demandas.

No obstante ya antes existían las denominadas “comisiones de barrio” todavía clandestinas, que habían nacido siguiendo el modelo de las comisiones obreras. Las comisiones de barrio habían surgido como iniciativa de partidos de izquierda y comunidades cristianas de base.

En los primeros años 70 se mantuvo una doble vía en el movimiento vecinal barcelonés, por una parte las comisiones de barrio, que en 1972 celebraron su primera asamblea y que se articularon en torno a la denominada Coordinadora de Sant Antoni. Existían por otra parte las Asociaciones de Calle, denominadas despectivamente “bombillaires”3.

La Federació d’Associacions de Veïns de Barcelona4 se crea en el año 1972, formada inicialmente por las asociaciones de calle, es en 1974 cuando muchas de las asociaciones5 de la coordinadora de Sant Antoni, optaron por entrar en la FAVB, no obstante las pugnas entre una línea, la de las asociaciones de calle, que recriminaban a las asociaciones de vecinos, de ámbito de barrio, su alta politización, dura hasta bien entrados la segunda mitad de los setenta.

Es entonces cuando se va imponiendo la tendencia a unir la reivindicación de mejoras en la calidad de vida de los barrios con la defensa de objetivos claramente políticos. Una buena muestra de ello es el protagonismo que asume la FAVB en la convocatoria de la manifestación de febrero del 76.

En esta ocasión la FAVB, como instancia legal, solicita el permiso para la manifestación convocada por la clandestina Assemblea de Catalunya, reivindicando la Llibertat, l’Amnistia i l’Estatut d’Autonomía. A pesar de la denegación del permiso la convocatoria se mantuvo y las movilizaciones en torno a estos tres ejes marcaron un momento clave en la transición del franquismo a la democracia.

 

La transición del movimiento

Este nacimiento en el tardofranquismo marca, a mi parecer, algunas de las características que luego veremos que han sido consustanciales a la AAVV, su carácter progresista, su visión integral de los problemas de las barriadas, y una defensa de los intereses colectivos por encima de los individuales o de grupos concretos, además de un vínculo importante, desde su nacimiento, con otros movimientos sociales.

Todo ello llevó a Vázquez Montalbán a afirmar que “la lucha vecinal de Barcelona se inscribe en la trama de luchas emancipatorias de la modernidad en el mejor de los sentidos de una palabra tantas veces utilizada como una cortina de humo para esconder la nada”.

El movimiento vecinal, y la FAVB, han mantenido, a lo largo de 36 años, la tensión para dar a los conflictos territoriales una perspectiva colectiva y de Ciudad. Durante estos años las temáticas abordadas han sido muchísimas y de carácter muy diverso.

Los años 70 vieron luchas emblemáticas como la lucha contra el Pla Comarcal. Se trataba de definir y ordenar el espacio urbano en lo que más tarde saldría a la luz con el nombre de Plan General Metropolitano que ha sido hasta ahora la herramienta base de la planificación metropolitana. El Plan suponía la tensión entre grandes expectativas de negocio para sectores de la oligarquía catalana propietaria de suelo urbano y las combativas asociaciones de vecinos que veían desaparecer el poco suelo disponible para zonas verdes y equipamientos.

Ambos sectores ejercieron presión desde las diferentes posiciones en un escenario que parecía gestar un modelo de actuación que todavía hoy se viene manteniendo.

 

Las primeras reivindicaciones

Entre estas encontramos: la mejora de las condiciones de vida en los barrios de forma especial en los más desfavorecidos, un urbanismo humanizante, la promoción de la cultura popular, una participación ciudadana real, la escuela pública, la creación de centros de salud, una seguridad ciudadana preventiva, la vivienda asequible y se hacia mención de forma especial de la especulación con las viviendas cerradas. Si comparamos las reivindicaciones del manifiesto con las propuestas presentadas al Pla d’Actuació Municipal del Ayuntamiento de Barcelona para el periodo 2008-2011, veremos grandes similitudes.

Naturalmente hoy la escuela pública y la sanidad pública son realidades, permanentemente bajo sospecha y amenazadas, pero realidades tangibles como logros colectivos. Otras reivindicaciones tienen plena vigencia. En una encuesta realizada por la revista de la FAVB, La Veu del Carrer, en el nº 87, las Asociaciones de Barcelona planteaban un listado de 270 equipamientos pendientes y la media de años de reivindicación de un equipamiento se situaba en de 5 a 10 aunque algunas eran vigentes desde los años 70 y 80.

Los que ocupaban los primeros lugares en la clasificación eran los equipamientos socioculturales, seguidos por los educativos y los de acción social.8 Seguramente Barcelona no sería la misma sin las luchas del movimiento vecinal entendido como un movimiento social y como una forma de ejercicio de la ciudadanía.

Luchas ganadas, pero también luchas perdidas, como las campañas que llevó a cabo la FAVB contra el Plan de Hoteles el 1989 (que consideraba los hoteles como equipamientos para poderse beneficiar del suelo reservado a este fin), la campaña para impedir la recalificación del Campo de Fútbol del Español o la que reivindicaba viviendas sociales en la Vila Olímpica… y muchas otras batallas que se han planteado a pesar de saberlas perdidas, que han contribuido a crear una conciencia y un debate ciudadano sobre el modelo de ciudad. Un debate que hoy sigue teniendo plena actualidad.