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La etnografía y la violencia por Teresa San Román

Qué datos nos aporta la etnografía?

la Etnografia y la ViolenciaLa Psicología o la disciplina que sea, siempre será una sombra del horror humano vivido. Podemos ayudar a comprender qué ha ocurrido en ese contexto, qué elementos socioculturales pueden llevar a preferir ser torturador que otra cosa y cuáles son las disrrupciones de integración social (¿En qué sociedad?) de acomodación o de anomia que resultan en los que lo padecen, seguir además de sus días (no habría otra forma) la evolución de los individuos y los grupos, su impacto en las situaciones etc.

En resumen,poco en comparación del horror. Esto es así: del sufrimiento pueden decirse muchas cosas, a veces muy certeras y a veces muy útiles. Pero cualquier frase palidece y se inclina ante la tragedia misma humana.

Según Wikipedia, la Enciclopedia libre de Internet, la etnografía es un método de investigación de la antropología cultural. Consiste en la recolección de datos en el terreno y teniendo como informantes a los integrantes de una comunidad dada. Los datos recopilados consisten en la descripción densa y detallada de sus costumbres, creencias, mitos, genealogías, historia, etcétera.

Desde luego no creo que sea un método, en ninguno d e los sentidos de la palabra. Incorpora métodos científicos y hermenéuticos y es u n procedimiento complejo de investigación propio de la Antropología en el que s e utilizan diversas técnicas empezando por las más adecuadas para la comprensión y seguidas por otras que son más útiles para propósitos concretos.

Además de los informantes, el etnógrafo tiene que hacer observaciones que incluyen cosas como el medio en el que se desarrollan los acontecimientos y consulta bibliográfica y toma de datos de archivo. Suele requerir un acercamiento, a la medid a de lo posible, a una perspectiva transcultural, y en este terreno, la Historia tiene un papel relevante en la construcción bibliográfica.

Por último, no creo que se trate de una descripción: nos acercamos a los datos desde nuestra propia percepción, cultura y , en ella, teoría y conocimiento de precedentes, entre otras cosas. Y no producimos una fotografía en plano, sino una visión de lo que allí es relevante socioculturalmente, a través de generalizaciones, hipótesis e interpretaciones que son todas propuestas provisionales respecto a un grupo humano y que deben ser contrastadas empíricamente una y otra vez para seguir siendo provisionales pero más serias, si quieres verlo así.

La pura descripción no existe, como no existe teoría sin interpretación, hipótesis causales que n o expliciten o den por supuesto las interpretaciones propuestas a través del proceso de comprensión, ni interpretaciones que no estén sustentadas por enunciados, explícitos o no , por datos y enunciados estructurales.

 

 

¿ Puede la etnografía constituir un método de investigación útil en el estudio de la Violencia?.

La Antropología podría esclarecer cosas importantes respecto a la violencia, como el tipo o tipos de tensiones estructurales que tienden a provocarla en mayor medida, la propia concepción variable histórica y culturalmente de lo que debe considerarse violento y lo que no, etc.

Hay en foques diferentes para tratar un mismo fenómeno de violencia, enfoques que surgen de las tradiciones disciplinarias de diversas disciplinas, de su capit al teórico y técnico. La comprensión adecuada de un fenómeno humano casi siempre, si no siempre, precisa de estos diversos enfoques disciplinarios porque ninguna disciplina, por sí sóla, consigue nunca un abordaje suficiente (humil demente y provisionalmente suficiente) del fenómeno en sí.

No podemos aproximarnos a una visión holista realmente del fenómeno de la violencia, pero estamos más preparados que todo el resto de disciplinas tanto para reconocer esta insuficiencia como para intentar, en todo la medida de nuestras fuerzas, en toda la capacidad de nuestro contenido disciplinario, con todo el rigor crítico de nuestros procesos de investigación, que nuestro enfoque a los fenómenos de violencia procuren la comprensión de los contextos y de los sujetos, proporcione enunciados teóricos (hermenéuticos o relacionales) que permitan con comodidad y amplitud el análisis de los datos, su situación, sus contextos y procesos, y proporcione, también, predicciones tentativas y humildes, a partir de esa teoría-etnográfica y teoría más general.

Esas predicciones pueden y deben ser una guía en la intervención social más precisa y mejor construida que la que pueda hacer la pura intuición o las puras exigencias ideo lógicas o del interés.

¿Investigar la violencia por medio de leyes generales y universales?

El positivismo, como propuesta metodológica, terminó antes de mediados de siglo pasado. Lo que ocurre es que a veces se entiende como “positivo” cualquier recurso a los datos; pero no es lo mismo “construir enunciados verdaderos generales a partir de datos particulares ( positivismo) que contrastar nuestros enunciados propuestos para dar cuenta de una realidad (con comillas, si quieres) sobre la base de datos nuevos. Aún más, si no es as í, lo que decimos no sería nunca más que un puro invento, daría exactamente lo mismo afirmar una cosa o su contraria, una interpretación u otra.

Dicho esto, sí, creo que los fenómenos de violencia pueden ser enunciados y propuestas muchas cosas acerca de ellos. No leyes universales, en el sentido hologeista, porque eso es imposible para la inmensa mayoría de las ciencias (y no sólo sociales), que se ven obligadas a formular sus enunciados en términos estadísticos, por ejemplo.

 

Existe alguna cultura sin Violencia hacia la mujer?

La verdad es que no creo que exista ninguna cultura sin violencia y, por tanto, las mujeres deben padecerla en todas partes. Si lo que me preguntas es un tipo de violencia que se expresa de forma específica y propia hacia las mujeres, me cuesta trabajo responderte.

En todo caso, no conozco ninguna sociedad en la que los hombres tengan la facultad de parir hijos y ninguna en la que los hijos sean sólo de la mujer que los ha parido. En ese sentido, sólo una relación pactada y libremente acordada entre padre, madre e hijo parece ser la garantía (al menos parcial, pero fundamental) de que las mujeres den sus hijos o los compartan con los hombre.

Supongo que este tipo de “pactos”, tácitos o implícitos, se pueden producir en cualquier sociedad, en unas sin duda má s que en otras, pero en general el papel de la mujer es en principio muy débil, porque sólo el que produce no precisa que produzcan para él y sólo el que no produce precisa forzar al productor (con todas las limitaciones y traslaciones burdas que pueda hacer con esta metáfora.

 

Del gitano al inmigrante: uno d elos mayores cambios etnográficos del país.

Son muchísimos menos los gitanos en chabolas y muchísimos más los inmigrantes que nunca han pisado una chabola. Y las expectativas de la gente ya no son las mismas, hay una exigencia mucho mayor en hacer que la sociedad símplemente cumpla aquéllo que se pasa el día diciendo que hay que hacer.

Esto creo que es cierto para unos y para otros. Hay más recursos a los que pueden acceder y el respeto a sus derechos se respetan algo mejor de lo que se respetaban hace 30 o 40 años. Nada, porque siguen siendo abismales las desigualdades, por mucho que haya más gente en mejores condiciones de lo que podía haber antes.

Porque sigue habiendo gitanos en chabolas, trasladados, rechazad os, por mucho que haya asociaciones gitanas y un cierto liderazgo oficioso . Porque el problema fundamental está en todos nosotros: ¿quién, en serio , ha calculado lo que le baja el sueldo el cumplimiento de la igualdad y lo acepta? ¿quién, en serio además de protestar por tener vecinos gitanos o magrebíes o senegaleses desea tener uno en el piso de arriba? ¿Quién acepta, en serio, la eliminación de fronteras? Nosotros somos una parte importante (e hipócrita) del problema.

No somos culpables, no nos lo hemos inventado, sólo hemos tenido la suerte de nacer de este lado de la Tierra, pero no acabamos de creer en lo que creemos . Y ellos, los sátrapas de las pequeñas decisiones o de las grandes, se guían por nuestro miedo y lo aprovechan en su beneficio.

Esto no exculpa a los inmigrantes y a los gitanos: muchas cosas tendrían que hacer para romper esta situación y, sobre todo, para no reproducirla. Pero la verdad es que es pedir demasiado a nosotros y a ellos. Al menos, reconozcámonos como premisa para conocernos unos a otros.