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Violencia domestica en mujeres adolescentes en Perú

Siendo la violencia doméstica principal manifestación de la dominación masculina exacerbada, así como la principal manifestación de la desestructuración familiar y causal más saltante en la violencia juvenil, es de gran importancia ahondar en dicho fenómeno, que debido a su naturaleza delictiva y a que sus principales actores son los integrantes de la propia familia, tiende a permanecer en el anonimato y en el secreto familiar.

La presente investigación busca reconocer y clasificar las manifestaciones de la violencia doméstica, identificando su impacto en las mujeres adolescentes. Para ello se analizan testimonios recolectados mediante instrumentos de investigación cualitativos, los cuales se realizaron pacientemente durante seis meses en la comunidad autogestionaria de Huaycán, a que cuenta con un alto índice de delincuencia juvenil y de violencia doméstica, en un contexto de pauperización.

Debido a las condiciones patriarcales en las que se manifiesta dicho fenómeno en el Perú, es que se analiza los casos representativos de adolescentes mujeres menores de edad. Son éstas las que se encuentran en mayor riesgo, debido a su doble condición de subordinación, como mujeres y como hijas. Esta violencia no sólo se limita a traumas individuales, que degeneran la realización del individuo, sino que reconfigura la vida de sus víctimas, recreando dicho fenómeno en la sociedad.

 

Permisividad del sistema de Perú con la violencia domestica

violencia domestica en peruPara hablar de violencia doméstica en el Perú es necesario hablar de una serie de causas que permiten la reproducción de aquella. Tenemos así al autoritarismo, que en el Perú tiene un largo camino recorrido debido a gobiernos de facto que han venido gobernando el país por muchos años.

El autoritarismo supone la negación de la comunicación en sentido ascendente en la familia (1). Otra causa es el racismo, entendido como un código de conducta social que discrimina a la personas estableciendo reglas de superioridad e inferioridad.

Dicho racismo encuentra caldo de cultivo en un contexto en el cual los sujetos sociales recurren a un trato jerarquizador para defenderse de la discriminación, ante la carencia de instituciones y órganos del Estado. El racismo encuentra su manifestación más palpable en el “problema del indio”, que actúa como una especie de continente, de envase, de toda esta perspectiva discriminatoria que terminó configurando los rasgos generales de la sensibilidad colectiva.

Precisamente, se señala de modo discriminatorio, que la violencia doméstica forma parte únicamente de un estilo de vida propio de identidades colectivas indígenas, identidades percibidas en algunos casos y dependiendo de los contextos de relaciones sociales, como “salvajes” “barbaras” y en otros eufemísticamente como “atrasadas”.

Otra causa, la encontramos en la denominada socialización en el silencio, que impone callar cuando se supone comunicar asuntos que pertenecen al propio ser, esto se reproduce con más frecuencia en mujeres y niños. Por ejemplo en la mayoría de las familias en las que uno o los dos padres son adictos al alcohol, se realiza un encubrimiento sistemático de este hecho, con el cual los hijos deben tropezarse necesariamente, y que produce frecuentemente efectos mutilantes sobre su propio desarrollo personal.

El niño aprende a callar sus necesidades más elementales por temor a que los padres peleen y entre en crisis la unidad familiar por su “culpa” (6), esta situación se arrastra durante toda la niñez, llegando hasta la adolescencia, siendo latente este sentimiento de culpabilidad en el adolescente.

En efecto la relación niño-adulto poco empática acentúa la asimetría contribuyendo a producir en los niños un sentimiento de infravalorización y permutabilidad, donde cada niño es equivalente a otro, donde lo específicamente suyo no es reconocido y donde para hacerlo necesita someterse a las exigencias que los adultos imponen.

Esta tipo de violencia se percibe aun más cuando existe la llamada ilegitimidad de la descendencia, la cual contribuye a generar relaciones emocionales deterioradas en el hogar, particularmente en la relación entre padres e hijos, con la consecuente formación emotiva deficiente en los niños.

La situación se agrava cuando es necesario sobrevivir en condiciones extremas de pobreza, lo cual significa no poder asumir la sobrecarga de tensión psíquica que ello implica frustrando en gran medida las posibilidades creativas en la vida cotidiana, generando un yo frágil, con tendencia a la depresión y a actitudes destructivas y autodestructivas.

Explica Rodríguez, que la indigencia material se transmuta en pobreza psíquica, en lacra social; forjando personalidades con estructuras yoicas débiles, poco diferenciales, con restricciones en el código lingüístico y en la capacidad de simbolización. La pobreza no sólo obliga a los hijos trabajar, sino a callar las necesidades, porque los reclamos de los hijos pueden generar peleas de padres, esto fortalece la socialización en el silencio.

 

La violación sexual, consecuencias en la vida familiar y sentimental

La violencia contra las mujeres, especialmente la violación, es el principal apoyo del control de los hombres sobre ellas. La violación muestra la realidad del dominio del falo.

Existen casos nos permiten analizar cómo dicho trauma personal tiene repercusiones en la vida amorosa y sexual de sus víctimas. Conocimos el caso de una chica, de nombre Julia que nos contó que sufrió una violencia  no sólo proviente de su padrastro, sino también de su madre, quien se siente en la obligación de defender a su esposo antes que a su hija, asimismo es más diligente con él que con sus otros dos hijos, demostrando el primer lugar que ocupa este hombre en la familia.

En efecto la ilegitimidad de la descendencia aparece aquí como una manifestación muy cruda, contribuyendo no sólo a generar relaciones emocionales deterioradoras en el hogar, sino en el enfrentamiento entre madre legítima e hija. Julia amenaza con romper este equilibrio en la vida de su madre, quien no deseará creer en lo que ella sostiene. Julia es en este contexto una persona ajena y despreciada, que no es hija del padrastro a diferencia de los hermanos, lo que explicaría la molestia de su madre, como un rezago del pasado con el padre de Julia.

Desde el punto de vista de la madre, esta hija desea destruir la pequeña prosperidad no sólo familiar, sino económica; no se olvide que todos los miembros de la familia duermen en una sola cama, lo que nos lleva a considerar el hacinamiento familiar como uno de los propiciadores de estos cuadros de violación; la perspectiva de la madre lleva a convertir a Julia en una competencia como objeto de deseo sexual, lo que la lleva a golpearla cruelmente, dejándole una serie de cicatrices por todo el cuerpo, lo que unido a los factores ya mencionados, dilapidan las posibilidades de una socialización mínimamente sana en la vida de Julia.

 

La ausencia del padre como violencia doméstica

La ausencia de uno de los progenitores, se puede interpretar como una manifestación de violencia doméstica, debido a sus consecuencias, que llegan al odio y al rencor. Este rencor es capaz de disminuir las capacidades de amar y perdonar. Albina, de catorce años de edad, sufrirá la ausencia del padre, quien se encuentra en la cárcel por el delito de terrorismo desde hace once años.

Ella lo extraña pero el rencor que genera la insistencia de su padre por militar en el mismo grupo que lo llevó a la cárcel hace a Albina odiarlo:

Me gustaría verlo, pero el no pone su empeño…me duele, que no quiera cambiar, he mentido he dicho que mi papá trabaja. Mi papá no está a mi lado, veo a mis compañeras y me siento mal cuando me preguntan por él. En el Perú hay muchas injusticias, yo haría lo que él hizo, pero si no tuviera familia, para que no sufran por mí.

En este caso, la hija da suficientes razones a su padre para haber hecho lo que lo llevó a la cárcel, es decir terrorismo. Sin embargo antes que cualquier otro interés, colocará a la familia en un primer término, otorgándole un carácter sagrado, al cual hay que respetar por encima de todo.

El quebrantamiento familiar encuentra aquí su principal motivo: la ausencia del padre no se debe a una circunstancia inevitable, es producto de la irresponsabilidad y poco amor del padre hacia su familia. Los casos de ausencia de los padres, se repite constantemente, en algunas familias más que en otras.

 

Conclusiones:

La violencia doméstica analizada tiene sus principales manifestaciones en la figura del padre, manifestándose un resentimiento cada vez mayor, a medida que la adolescente se aproxima a la juventud, cobrándose cierto revanchismo contra la sociedad entera.

La reproducción de ciertos estereotipos tanto masculinos y femeninos, que minimizan el papel de las mujeres, tiende a estructurarse en la sociabilidad de las adolescentes, quienes a pesar de sentirse menospreciadas, se identificarán como tales.

Sin embargo la violencia doméstica a manos de la madre, crearía desórdenes aun mayores en las adolescentes. La violencia del hombre hacia la mujer y hacia la hija es, de algún modo, digerido por una sociedad patriarcal en la que vivimos, que espera de algún modo un comportamiento de aquel tipo.

Pero el comportamiento extremamente violento en una madre tiende a recrudecer los traumas personales de las adolescentes, quienes ven en la madre un vestigio aun más importante para su seguridad y vida futura. Los desórdenes que se van produciendo debido a la violencia con que las adolescentes vienen siendo formadas, repercutirían seriamente en su sexualidad, elemento clave en la adolescencia.

El amor es trastocado, y se convierte en una amenaza en la vida de una adolescente violentada, tanto a través de violencia física y psicológica, como a través del reconocimiento de una relación tormentosa y violenta en sus propios padres. El primer acercamiento hacia los sentimientos de pertenencia familiar se convierten así en una constante amenaza a su propio yo, que se exteriorizara en los otros al momento de entablar relaciones sociales con sus pares.

Del mismo modo que es urgente crear soluciones a corto y mediano plazo para este tipo de delitos contra el cuerpo y la salud, lo es también ahondar mucho más en el pensar y sentir de estas adolescentes en riesgo, quienes más allá de la denuncia, vislumbran una posible salida en el amor que aun guardan por su familia.