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Haciendo memoria desde nuestra obra literaria

El presente artículo tiene como temática los hechos ocurridos en el pasado reciente en la península Ibérica, es decir en las comunidades españolas y en Portugal, los períodos represivos, de generación de traumas en la sociedad y de silenciamiento de la memoria.

Por esto, es que el eje central del artículo lo constituyen los poemas y canciones que hacen referencia a la situación vivida en el período represivo en las distintas comunidades para encontrar semejanzas y diferencias en el proceso de expresión de las heridas, a su vez en el caso de España se hace una comparación entre las obras literarias que se escribieron en el período represivo considerando que éstas son formas de expresión del trauma y las obras surgidas en períodos posteriores consideradas como mecanismos de memoria.

 

Represión en la península Ibérica

El conflicto socio-político vivido en España a nivel de todas las comunidades y del país, trajo consigo muerte, hambre y represión para aquel sector de la sociedad que vieron en la República la posibilidad de un nuevo orden y nuevas oportunidades para ellos. Suárez (2002) plantea que por el bando nacionalista, los principales protagonistas fueron la armada, el ejército y la guardia civil, esto con el apoyo de los civiles falangistas.

Además este mismo autor, que hay 2 fases de la guerra en función del sistema de ejecución: la primera entre julio y noviembre de 1936 donde las ejecuciones eran sin juicio, la segunda entre diciembre de 1936 y diciembre de 1939, donde las ejecuciones debías ser sentenciadas.

Posterior a la instalación del Franquismo como ideología de gobierno, se da curso a un proceso de sistematización de la represión efectuada desde la Guerra Civil, preocupándose de hacer sentir su error al bando de los vencidos, y de la creación de una nueva España, que era “única, grande y libre” por lo que en esta lógica se justifica la utilización del castellano como lengua oficial y válida, por lo que se prohíbe el uso de las lenguas cooficiales en el mundo público, eso además se refleja en la rigidez de la censura con la literatura no castellana, y con las particularidades identitarias de las comunidades históricas, además de los idearios socialista, por lo que hay una represión de los nacionalismos no españoles que se materializó en los ámbitos lingüísticos y culturales.

Por esto es que entre 1938 y 1942 (14) se establece el sistema legislativo que dará las pautas del cómo ser y comportarse en la nueva España, estos principios funcionan bajo la lógica de los intereses de la iglesia, el ejército y la burguesía tradicional, por lo que los procesos de autonomía de las comunidades son estancados porque van contra el ideal de una España, sus realidades específicas se desconocen por lo que son negadas de la historia de España, se vuelve a un sistema tradicional, se instaura la autarquía como modelo económico, y los sectores que habían conseguido avances con la Repúblicas (obreros, campesinos, mujeres) retornan a su condición previa.

 

Trauma Psicosocial

Es una propuesta de Ignacio Martín Baró, y se entiende por tal el proceso histórico que puede afectar a toda una población, la traumatización consiste en la perturbación de las relaciones sociales, expresadas a través de la desconfianza, la rigidez, el escepticismo y la violencia como forma de resolución de conflictos, en esta concepción la guerra se cristaliza en cada persona, los efectos de este tipo de trauma depende de la vivencia de los individuos.

Esta herida es generada socialmente, y el sustento está dado por la relación individuo – sociedad y opera en torno a 3 ejes: violencia, polarización social y mentira institucional. Sobre el trauma de la Guerra Civil Española, Ruiz-Vargas  plantea que lo característico de éste es el control social, la degradación, la humillación, el sometimiento moral, el chantaje emocional, el deprecio y el cuestionamiento de las propias creencias sobre el mundo, lo que se traduce en una crisis de valores.

 

Lugares de memoria.

Este término ha sido designado por Pierre Nora, quien lo entiende como “toda unidad significativa, de orden material o ideal, que la voluntad de los hombres o el trabajo del tiempo convirtieron en elemento simbólico del patrimonio memorial de una comunidad completa” al igual que los conceptos de memoria histórica y memoria colectiva, los lugares de memoria se contraponen a la visión historiográfica, y da la posibilidad de la comprensión de nuevas formas de saberes respecto al pasado, por lo que además se ha dicho sobre ellos que son paisajes, son mitos, son acontecimientos históricos, son relatos orales, son héroes, son personajes de ficción, literarios o populares.

En cualquier caso, son una memoria inventada o permanentemente reinventada. La descripción antes realizada sobre los lugares de memoria, permite la creación de lugares de memoria en un período posterior al hecho histórico determinado, ya que al considerarlos como memoria inventada, o reinventada, esto da paso para que continuamente se esté resignificando, y como esto se hace desde el presente, de acuerdo a los contextos que se estén viviendo será la manera en que se irán construyendo y reconstruyendo lugares de memoria y la valoración que ellos tengan.

Además Nora (2009) plantea otra característica para estos lugares que poseen una realidad tangible dada por la materialidad, y una simbólica dada por la significación que se hace de ellos.

 

Arte

Se hace relevante pensar en el arte como mecanismo de anclaje de la memoria y la resistencia, ya que en períodos donde el Gobierno hace efectivo su aparato represivo, la sociedad en su conjunto es la gran perjudicada, pero un área de ésta que no se debe ignorar es el arte, porque sobre el opera la censura, donde el objetivo de ella es la eliminación de la supervivencia de las expresiones anteriores, para crear un orden sin conciencia crítica esto repercute en los artistas como inseguridad laboral, persecución política y la ausencia de espacios de creación y difusión.

La censura de la represión ocasiona una “fractura del marco de experiencias sociales y políticas, desintegración de los modelos de significación configurados por el lenguaje que nombraba esas experiencias” por lo que se destituye el lenguaje en su función de designar o simbolizar una realidad. En este sentido, las manifestaciones artísticas surgen como una respuesta al discurso hegemónico, tendiente a implantar orden, respeto, moral y obediencia  que además se instaura dentro de un proceso continuo y sistemático de destrucción, de los valores anteriores y en el caso de España de las lenguas y realidades propias de cada comunidad.

Por otra parte, Rivera  plantea que el arte se constituye en el primer espacio de reencuentro entre los vencidos, utilizándose tanto como medio de reunión y de resistencia, generando una identificación individual y colectiva, y expresando una necesidad de reconstruir vínculos comunicativos.