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Afectividad colectiva y el femicidio

Para efectos de la presente investigación se prestó atención a la relación entre afectividad colectiva y política, por ello el tema a investigar fue afectividad colectiva y las imágenes del femicidio. Finalmente, se encontró que la imagen que se transmite en el femicidio, intentan mostrar una mujer débil, que necesita de otro que vele por ella.

 

El estado actual de la afectividad.

afectividad colectivaSe entiende por afectividad colectiva el conjunto de emociones y sentimientos compartidos colectivamente, teniendo como referencia un grupo, una situación, una sociedad, y un contexto determinado, que se manifiesta a través de diversas expresiones tales como la oral, corporal y hasta las acciones, también es una construcción colectiva que argumenta todo el campo cultural.

Con el transcurrir del tiempo, la tendencia ha sido una continua expulsión de lo social (6), donde se ha ligado lo afectivo a las mujeres, y éstas a la masa. Por lo tanto, lo afectivo y lo femenino no son constitutivos de individualidad o de la posibilidad de ser sujeto.

Gil plantea que dentro de lo afectivo convergen los sentimientos, entendidos como aquellas reacciones subjetivas que son moderadas tanto respecto al placer como al displacer; emociones, que son reacciones más intensas y complejas, además implican manifestaciones expresivas, conductuales, fisiológicas e incluye estados subjetivos; y las pasiones que son el substrato de actividad corporal necesario para conseguir las emociones y sentimientos.

Se ha llevado a cabo un proceso de despolitización de la afectividad, donde lo que se genera es una negación de lo social en la afectividad, esto con el fin de quitarle su carácter político, este fenómeno se da, porque la afectividad en relación a la política se hace peligrosa, por lo que se ha recurrido a deshacerse de su carga política que la conduce de lo general a lo atomizado.

Esto ha llevado a que exista un desprestigio de la afectividad como elemento político dada su asociación a la masa, la justificación que se da a la ocurrencia de este fenómeno es porqué en el proceso de convertirse en masa hay una anulación de la parte racional del sujeto, pérdida de conciencia y emergencia de lo animal.

Por lo que si tanto la mujer o la masa son afectivas, perderán su potencial político porque éste quedará destruido, el hecho de que se haya establecido este vínculo entre mujer y masa, tiene como finalidad acabar con las posibilidades políticas de la afectividad, aunque últimamente lo que se ha venido dando es un discurso de la afectividad para retornar a la existencia de una política de la afectividad.

Se requiere un reconocimiento de la afectividad en su calidad de elemento político e la vida social. El proceso de despolitización de la afectividad que se ha realizado va desde la masa hasta la cosificación de esta (empaquetamiento, aséptica, individual y controlable).

 

Las emociones como expresión de lo social: El uso político de los afectos.

Se dice que el sentimiento siempre es más auténtico, esto debido a que se suele declarar que éstos son verdaderos, esenciales, que reflejan de verdad lo que uno siente, que son inmodificables. En cambio se presenta al discurso como algo flexible, más voluble, donde existe la posibilidad de decir la verdad, pero también de mentir.

Lo que suele llevar a pensar que el sentimiento no engaña, ya que no miente cuando el texto puede hacerlo. El hecho de que sea más difícil dejar de estar contento que elaborar una compleja argucia retórica que le salve a uno la cara, es una muestra de cómo la emoción ha acabado siendo la verdad verdadera y el texto un mero apéndice para legitimarla.

La necesidad de coherencia del individuo moderno ya no es, en este fin de siglo, un problema de disonancia entre cogniciones sino tan solo un problema de legitimación discursiva de las emociones, de las cuáles se oculta su carácter normativo social, convirtiéndolas de hecho en un instrumento de control mucho más poderoso que la ideología o la moral, tan revitalizadas en las postmodernidad.

 

Expresión visual de la afectividad

Dentro de la racionalidad se ha aprendido a palpar sólo con el tacto, a gustar con la lengua, a oír sólo con el oído, pero los sentimientos desconocen esas demarcaciones, ignoran esas diferencias y por tanto perciben indiscriminadamente.

La teoría gestáltica denominó “sinestesia” a esta indistinción de lo perceptual, según la cual los objetos tienen “cualidades intermodales”, esto es, perceptibles por distintos sentidos.

Para Fernández  los afectos, tienen apreciación física y espiritual. La dimensión espiritual, ante la ausencia de lenguaje, es descrita metafóricamente en términos de la dimensión física, es decir, por ejemplo, por la descripción de los gestos, secreciones, apariencias, temperaturas, distancias, durezas, que pertenecen a la ciudad pera que son propias a cada afecto: hay sentimientos cálidos, suaves, y fríos, duros, etc.

En su función cultural: “El sistema metafórico que permite clasificar a los sentimientos según su función es el que las nombra por colores, tomando para ello los colores de la apariencia de la gente, de sustancias corporales como la bilis, de las imágenes perceptuales o representaciones, o trasponiendo cualidades de los objetos, donde, por ejemplo, la calidez del sol aparece por su color dorado”

Así dado la ira o la venganza pertenecen a los sentimientos rojos siguiendo la metáfora “que la sangre se sube a la cabeza”. Los celos o las envidias son de un color verde “se está verde de envidia”. Esta mitología cromática de los sentimientos representa la tranquilidad como verde pasto o esmeralda, el azul marino profundo es el color de la tristeza y la reflexión, mientras que la ternura, la inocencia, la candidez, la maternalidad, están pintadas de los tonos pastel y crema de los amarillos, rosas, etc.; el naranja es acogedor; el morado serio.

“El color que conviene a cada afecto es algo abierto a la interpretación, pero es admitido el hecho de que en efecto, tienen un color”

 

violencia sexual y femicidio.

La violencia contra la mujer se puede observar bajo distintas modalidades o constructos conceptuales que están dados por ciertas especificidades, que intentan abarcan todo el espectro de la violencia de la cual la mujer es víctima., además es una realidad transnacional y transcultural, porque es una construcción cultural que produce efectos en la producción / reproducción y moldeamiento del ser hombre y ser mujer en una sociedad.

Un concepto importante desarrollar en el estudio de la violencia contra la mujer, es el de violencia de género, como lo plantea Castresana es la violencia que castiga a las mujeres por lo que son y no por lo que hacen o dejan de hacer, es responsabilidad de los Estados, tanto si es cometida directamente por servidores públicos, como si es cometida por particulares.

Como es una problemática actual, el autor sostiene que ha habido grandes avances en las últimas décadas ya que se ha visibilizado este fenómeno lo que ha permitido que la sociedad se empiece a preocupar y preguntar por ello.

Siguiendo la línea de la violencia de género, y como se ha planteado que la violencia hacia la mujer es un fenómeno histórico, que además está presente en la mayoría de las culturas humanas y que no discrimina edad, clase social, raza, ideología o religión por lo que tradicionalmente se posiciona a la mujer en una posición de inferioridad económica, social, cultural y emocional respecto de los hombres.

Tal como se mencionaba en el párrafo anterior, la violencia de género se ejerce por el mero hecho de la diferencia de ser hombre y ser mujer, por lo que es una desigualdad construida culturalmente y que es legitimada y reproducida por las propias estructuras sociales, desde esta visión, la violencia contra las mujeres ha evidenciado su efectividad para corregir la trasgresión y garantizar la continuidad de un orden tradicional de valores impuesto por razón del género. La violencia contra las mujeres es un componente estructural del sistema de opresión de género.

El uso de la violencia es no sólo uno de los medios más efectivos para controlar a las mujeres, sino también una de las expresiones más brutales y explícitas de la dominación y la subordinación.

La violencia simbólica es percibido por Bourdieu como “violencia suave, insensible, invisible para sus víctimas, que realiza principalmente la vía puramente simbólicas de comunicación y el conocimiento, o más precisamente, la falta de reconocimiento, o en definitiva, el sentimiento “.

Por otra parte, es importante desarrollar el concepto de violencia doméstica entendida como un patrón de conducta constate de fuerza física o violencia Psicológica, intimidación o persecución contra una persona por parte de su cónyuge, ex cónyuge, una persona con quien cohabita o haya cohabitado, con quien sostiene o haya sostenido una relación consensual o una persona con quien se haya procreado una hija o un hijo, para causarle daño físico a su persona, sus bienes o a la persona de otro para causarle grave daño emocional.

Como lo plantea Sagot es en el hogar donde ocurren más del 80% de los incidentes de violencia, donde ésta está basada en la inequidad de género que es un elemento central que permite la comprensión de la condición social de la mujer.

Por lo tanto, la violencia doméstica es considerada como destructiva y que socava tanto la estima como el desarrollo de las personas. La violencia intrafamiliar se constituye en situaciones de riesgo no ya sólo por la naturaleza y complejidad de la relación afectiva y sexual, por su intensidad y por su privacidad sino, sobre todo, porque constituyen un espacio privilegiado para el desarrollo de los roles de género más ancestrales, esos que reservan a la mujer los clásicos valores de subjetividad, cuidado y subordinación a la autoridad masculina